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OPINIONES Lunes 27 Julio 2015
¿Pasión o estupidez?

POR: ERNESTO PROVITILO
El clásico rosarino por supuesto que jamás pasa inadvertido. Newell's y Rosario Central mantienen desde siempre una rivalidad intensa y, además, muy pareja: más o menos tienen los mismos logros, están cerca en el historial y en popularidad, claro. No obstante, con los años esa cuestión foklórica se ha ido degradando al punto de que hoy por hoy directamente ya trasunta en la pavada.
Diego Maradona bautizó a Clinton como “cabeza de termo” luego de que se le negara una visa para entrar a Estados Unidos. Desde allí nació un vocablo que engloba las características de la pasión exagerada, la “termez”. Más de una vez escucharás decir que en Rosario son todos “termos”, que ese clásico es el más termo” y demás. Y esto se debe a que se ha profundizado tanto la estupidez que la misma cobra una dimensión insólita que, si bien puede tener un ribete humorístico, cuando es pueril muestra ya una cultura degradada que más que una sonrisa genera rechazo.

Solo hay tres jugadores que pasaron directamente de un club a otro, en la historia del profesionalismo. Tres. Miguel La Rosa, Ricardo Giménez, Rolando Pierucci. Solo doce jugadores jugaron en ambos clubes. Doce. El arquero Delménico fue el último hace más de 30 años. Es que no se puede, serías un traidor, no te dejarían en paz nunca, ni a vos ni a tu familia. La discusiones entre hinchas de Rosario Central y Newell's cuando no media la violencia podrían resumirse así: sina (por sin aliento), pecho (por pecho frío), sina, pecho, sina, pecho, abandonaste, parlante, sina, pecho, abandonaste, parlante, sina, pecho, parlante abandonaste, parlante, pecho, sina y así en un loop del infierno que puede no terminar jamás.

La ridiculez traspasa el ámbito futbolístico y se riega por una Rosario bien dispuesta a aceptarla. Hace unos años, una metalúrgica local vivía un momento de tensión entre sus operarios. Es que el fútbol se sentía vivamente y la Pyme, con 25 trabajadores arrojaba un censo de hinchas demoledor: 20 eran de Central, 5 de Newell's. Las gastadas hacia los que eran menos eran insufribles. Pero en determinado momento el Canalla descendió y ahí la minoría rojinegra se hizo sentir. Lo que era cargada sana pasó a mayores, de hecho, los operarios de Central un día dejaron de trabajar por estar muy calientes y la productividad se iba al tacho. A la hora de comer lo hacían todos por separado, algunos trabajadores saboteaban el trabajo de otros para culparlos de una mala faena, se ventajeaban, en fin, ni se hablaban. Los dueños de la empresa preocupados dijeron que así no podían seguir y como los hinchas de Newell's eran menos los despidieron. No, no es cuento de Fontarrosa, fue así. Y peor, en la empresa de selección de personal el requisito solicitado era que no fueran de Newell's y preferentemente de Rosario Central.

Uno comenta esto y un canalla jocoso te dice, “jeje es que son menos”. Más allá de que perder una fuente laboral es grave pero no terrible, hay episodios como el vivido ayer por un hincha de Rosario Central que sí pasa todo límite. Es cierto que la restricción del público visitante y la decisión de romper esa prohibición pone a uno en el lugar de la irresponsabilidad y “bancate las consecuencias”. Quien esto escribe, yo (?), lo ha hecho más de una vez y es una sensación incómoda, no se disfruta nada y casi le hace perder el sentido a la cosa. Ahora bien, hay un detalle que llama la atención. Porque el hincha de Central identificado fue golpeado, lo cual, lamentablemente es esperado, pero también fue desnudado y dejado a la buena de Dios en la vía pública. Y el rumor, pronto a convertirse en mito o leyenda, es que también fue violado. Y lo peor de todo es que detrás de esta barbarie se esconde un hálito de jactancia y también una justificación: “que se joda”.

Acá esta la banalidad. El sinsentido. Lo degradado. Como si hubiera una carrera abierta a ver quién humilla más. La rivalidad ya no pasa por el acto deportivo, pasa por un hinchismo atroz que se lleva puesto todo y que está invadido de pura violencia. Violencia que hoy es constitutiva socialmente en Rosario, está claro, pero que y que está impregnada en el fútbol, en uno de sus monumentos culturales de siempre, el clásico rosarino.

Ahora, ¿esto es privativo de este mencionado clásico? Y ya no. Lo que parecía una cuestión de nicho se ha ido extendiendo a nivel general. El Panadero de Boca y su gas pimienta son un ejemplo. Quizás la idea inicial no era lastimar a los jugadores de River si no provocarle lágrimas en los ojos al mismo tiempo que un drone volaba con un fantasmita de la B. Pero semejante ingeniería (?) no fue llevada de manera idónea y a Boca le salió carísimo. Y decimos, la cosa se ha ido propagado porque River le canta a Boca, y le cantará por siempre, “tiraste gas, abandonaste”, algo que popularizó Rosario Central luego de que Newell's no terminara un partido cuando estaba siendo goleado.

La pregunta inicial, con todo lo expuesto, parece tener una respuesta. Al mismo tiempo, también cabe decir que son muchísimos los hinchas que no abrevan esto, que conviven y gozan con este partido y la rivalidad. Hoy parecen ser lo menos, da la sensación de que todo está contaminado por una distorsión de la competencia deportiva donde, lentamente y poco a poco, todo vale y se acepta.