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OPINIONES Martes 10 Noviembre 2015
EL TIEMPO DE ARRUABARRENA

POR: Ariel Cristófalo
Deberá esperar un tiempo. Que todo se acomode. Que el vértigo con el que vivimos en este país y en el fútbol (sinónimos) pase por arriba los pormenores, los detalles, como un tsunami. Que las cosas se acomoden naturalmente, que el desorden pase a ser un desorden organizado, puesto en cajitas o vitrinas, tal como ideó Ilya Prigogine en su Teoría del Caos. Llegado ese momento, y recién ahí, Arruabarrena será el técnico que le devolvió alegría a Boca. El que le hizo ganar un título local después de cuatro años tan secos que se podrían incluir en una publicidad de tampones. Lo dirán los números. Y también dirán que ganó la doble corona, oh sí, y que si no obtuvo la Copa Libertadores (y el Mundial de Clubes) fue meramente por una cuestión extradeportiva, después de haber salido primero con puntaje perfecto en la fase de grupos. El tiempo en general hace pedazos todo, pero con el Vasco será al revés. El tiempo lo pondrá en un lugar de privilegio.

El tiempo dejará en el limbo algunos detalles. Dejará de lado lo mal que jugaba el Boca de Arruabarrena teniendo los mejores recursos del fútbol argentino y del fútbol de todo el continente también. Si hasta ayer nomás había gente que extrañaba al Boca de Falcioni... Tranquilo, Vasco, pasará lo mismo con vos. El tiempo probablemente pondrá a Cubas a jugar ochocientos Mundiales con la cinta de capitán de la Selección, y también hará olvidar que Arruabarrena prefería a Pichi Erbes. El tiempo dirá, en todo caso, que el Vasco le daba oportunidades, porque eso figurará en su ficha. El tiempo también dirá que Boca quedó afuera contra River sólo porque a un enfermo mental se le ocurrió tirar un químico en el entretiempo del partido de vuelta. De ninguna manera dirá, el tiempo, que Arruabarrena hizo todo mal en esa serie, que guardó a Osvaldo en el Monumental, que incineró a un gurí como Pavón, que tenía medio partido en Primera, en el partido más importante de la década, que prefirió a Marín antes que a Peruzzi, que tácticamente perdió por goleada con Gallardo en la Copa Sudamericana y que, con ese antecedente tan fresco, volvió a perder. Que Boca se estaba quedando afuera sin patear al arco. El tiempo dirá que el Panadero lo cagó al Vasco y no que le hizo casi un favor, que si el partido seguía como parecía que iba a seguir, Arruabarrena hubiera visto el final del torneo de 30 equipos y de la Copa Argentina por televisión, en un sofá, o sentado en una esquina pensando como fue tan gil.

"Veníamos rotando todos los partidos y habíamos ganado casi siempre, no había motivos para cambiar", fue la explicación del entrenador en la intimidad después de la eliminación. Probablemente el motivo para cambiar fuera que venía jugando contra Olimpos y Zamoras de Venezuela y que ahora iba a hacerlo contra River por la Copa. No fue capaz de verlo. El Panadero y la decisión de la Conmebol, en su momento, taparon una planificación de Arruabarrena que no estuvo a la altura del técnico de un club tan grande como Boca. Así como la llegada de Tevez tapará que el deté nunca logró que su equipo jugara a algo en un año y medio de gestión. Que se dio cuenta de que Lodeiro no podía faltar nunca sólo cuando Gago se cortó el tendón de Aquiles y que por eso ganó en cancha de River. El tiempo tapará todo. Incluso sus declaraciones desafortunadas. Tapará que puso a un amistoso de verano por encima de un clásico copero, casi un insulto a la idiosincrasia xeneize. Que le rogó a Gallardo que hiciera cambios para seguir un partido con jugadores rivales quemados y sin visión, que después dijo que la decisión de la Conmebol era correcta y que luego volvió a cambiar de opinión en consonancia con Angelici. El porvenir ocultará todo. O casi todo: el arbitraje de Ceballos que le dio la Copa Argentina, probablemente el episodio arbitral más bochornoso de la historia del fútbol argentino desde la mano de Gallo, no se olvidará tan fácil. Pero el trofeo estará en la vitrina. Con su nombre al lado. Como el tiempo, que estará sin dudas del lado de Arruabarrena.